
¿Qué tienen en común un asiento inspirado en la columna vertebral, un pequeño dispositivo para detectar infecciones vaginales desde casa y un microscopio que incluso puede llevarse como llavero? Los tres fueron creados en México y parten de una idea bastante sencilla: utilizar tecnología y diseño para resolver problemas que afectan la vida cotidiana.
Se llaman Guimo, Nuva y Zoom y son los tres proyectos mexicanos seleccionados este año por el James Dyson Award, una competencia internacional que busca impulsar a jóvenes ingenieros y diseñadores. Guimo fue elegido ganador nacional, mientras que los otros dos quedaron como finalistas y ahora los tres avanzarán a la etapa internacional.
Pero más allá del premio, sus historias muestran algo interesante sobre la innovación que se está desarrollando en las universidades mexicanas: no necesariamente comienza imaginando robots, autos autónomos o dispositivos futuristas. A veces parte de observar algo que no funciona bien y preguntarse cómo podría hacerse diferente.
Guimo: un asiento que se adapta al niño
Sentarse puede parecer una acción sencilla hasta que deja de serlo. Para algunos niños con parálisis cerebral, mantener una postura adecuada requiere sistemas especializados que no siempre resultan fáciles de transportar o adaptar conforme crecen.
De ahí surgió Guimo, desarrollado por Midori Estefanía Uehara García, Judith Gutiérrez Rodríguez y Diego Díaz Barriga Chávez, estudiantes del Tecnológico de Monterrey. Se trata de un sistema modular que puede colocarse prácticamente sobre cualquier silla para proporcionar soporte postural a niños de entre cinco y 11 años.
Su diseño está inspirado en la columna vertebral y funciona mediante módulos que pueden agregarse, retirarse y colocarse en diferentes posiciones. Un fisioterapeuta puede ajustarlos según las necesidades de cada niño y el sistema también incluye correas para sujetarlo a distintos tipos de sillas y soportes ajustables para la cabeza.
La idea tampoco nació solamente frente a una computadora. El equipo tuvo contacto con familias del Centro de Rehabilitación Integral Querétaro (CRIQ) y utilizó sus experiencias para entender qué necesitaban en la vida diaria. El resultado busca ser ligero, portátil y adaptable para que pueda acompañar al niño en diferentes espacios y actividades.
El proyecto todavía puede crecer —literalmente—. Sus creadores trabajan en módulos compatibles con sillas de ruedas y otros medios de transporte, además de contemplar versiones para adolescentes y adultos. También tienen entre sus objetivos llevar Guimo al mercado como una alternativa para utilizarse en casa.
Como ganador mexicano del James Dyson Award 2026, el equipo recibirá 118 mil pesos para continuar con el desarrollo y avanzar hacia su eventual comercialización.
Nuva: hablar de salud íntima sin tantos rodeos
Otra de las propuestas seleccionadas aborda un problema muy distinto, pero igualmente cotidiano: las barreras que todavía existen para atender la salud vaginal.
Nuva fue creado por Carol Olmos, Arlet Arizdelcy Apanecatl Olvera y Ana Paola Muñoz Valdivia, también del Tec de Monterrey. Es un dispositivo con forma de dedal que busca permitir la detección en casa de vaginosis bacteriana y tricomoniasis.
La propuesta consiste en colocarlo en un dedo para recoger una pequeña muestra de secreción vaginal. En su interior contiene una tira enzimática que analiza tres indicadores biológicos y produce cambios de color que pueden interpretarse visualmente en cuestión de minutos.
Detrás del dispositivo también existe un componente social. El equipo identificó que el tabú, la desinformación y las dificultades de acceso pueden retrasar la búsqueda de atención, por lo que desarrolló el concepto pensando en privacidad, ergonomía y autonomía.
Eso sí: Nuva todavía es un proyecto en desarrollo y no un producto médico disponible para comprar. Actualmente se encuentra en etapa de validación enzimática y sus creadoras contemplan continuar con ese proceso, buscar posteriormente el registro ante Cofepris y realizar ensayos clínicos.
Zoom: un microscopio que cabe en el bolsillo
El tercer proyecto comenzó con una escena que probablemente muchos estudiantes conocen: varios alumnos esperando su turno porque no hay suficientes microscopios en el laboratorio.
María Cristina Castro Baños, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, decidió buscar una alternativa y creó Zoom, un microscopio educativo portátil y de bajo costo pensado especialmente para acercar la experimentación científica a niños y adolescentes de comunidades rurales y de bajos ingresos.
Una de sus características más interesantes está en los materiales. Zoom utiliza iluminación LED y lentes convexas recuperadas de cámaras de teléfonos celulares y punteros láser desechados. Esos componentes se colocan en una estructura modular impresa en 3D que permite montar, reparar o sustituir las piezas.
Así, el proyecto combina dos problemas: acceso a tecnología educativa y residuos electrónicos. Además, es suficientemente compacto para utilizarse como llavero o colgante, de modo que la posibilidad de observar el mundo microscópico ya no tendría que quedarse dentro de un laboratorio.
Entre los siguientes pasos está estandarizar sus componentes para aprovechar diferentes lentes recuperadas y desarrollar talleres donde los propios estudiantes puedan construir un Zoom. La intención no es reemplazar un microscopio profesional, sino poner una herramienta científica básica al alcance de quienes normalmente tienen menos posibilidades de utilizar una.
Ahora van por el premio internacional
Guimo, Nuva y Zoom tendrán ahora que competir fuera de México. Un panel de ingenieros de Dyson seleccionará 20 proyectos para integrar la lista internacional, que se dará a conocer el próximo 14 de octubre. Posteriormente, James Dyson elegirá a los ganadores globales, cuyo anuncio está previsto para el 4 de noviembre.
Hay dinero de por medio: cada ganador global recibirá 30 mil libras esterlinas. Pero para estos proyectos también existe algo quizá más importante en esta etapa: la posibilidad de seguir desarrollándose hasta comprobar si una buena idea universitaria puede convertirse algún día en una solución utilizada fuera del salón de clases.
El James Dyson Award lleva 21 años buscando precisamente ese tipo de propuestas. De acuerdo con la organización, durante ese periodo ha apoyado más de 400 inventos y entregado más de 1.5 millones de libras en premios. Actualmente participan proyectos de 28 países y regiones.
En el caso de los tres representantes mexicanos de este año, ninguno intenta resolver exactamente el mismo problema. Uno quiere hacer más sencilla la vida cotidiana de niños con parálisis cerebral; otro explora una manera más privada de atender la salud íntima, y el tercero busca poner un microscopio al alcance de más estudiantes. Tres caminos distintos que parten de una misma pregunta: ¿qué podemos diseñar para hacer un poco más fácil algo que hoy resulta complicado?
